miércoles, 23 de marzo de 2011

Para comida callejera, la Ciudad de México..



      Si algo me ha quedado claro después de recorrer exhaustivamente las calles de la Ciudad de México, es que cualquier lugar es bueno para comer; desde el establecimiento de comida corrida cercano a tu oficina, el restaurante más nice de la Col. Polanco, el lugar de tradición en el Centro, los puestos en el mercado de tu delegación, la señora que vende dulces a media calle, el puesto en la parada de autobús, la tienda con comida en tu estación de metro más transitada y porque no, el vendedor ofreciendo sus productos alimenticios dentro del mismo vagón subterráneo.  Queda claro que en esta ciudad, por comida no se para. La hay para todos los gustos, de todos los estilos, en todas partes y para todos los bolsillos. Por algo dicen que es la mejor ciudad para comer. 
      Si quieres algo natural y dietético, nunca faltan los puestos ofreciendo jugos de frutas, el plato de fruta variada con granola o el típico establecimiento de comida naturista dentro de la estación de metro. Si tienes antojo de algo más suculento, siempre están los puestos de tortas a la salida de cualquier estación de metro, la señora vendiendo quesadillas en la Alameda.
Por las mañanas el niño vendiendo la mágica torta de tamal, o el joven universitario ofreciendo el lunch completo (sándwich y fruta), listo para llevar. Si únicamente quieres un snack, aparece de pronto el viejito vendiendo barras de amaranto a tres por $10 pesos; o la indita con su variedad de dulces, el señor con sus golosinas a base de merengue, gaznates y demás. La monjita vendiendo sus delicias a la puerta de toda iglesia, parroquia o convento; rompope, galletas, pastelillos. 
     En todo parque encontrarás al joven vendiendo el surtido rico de nueces, dulces, cacahuates, garapiñados, pepitas, chicles y golosinas; todas montadas en su carreta cubiertas con plástico transparente para evitar que se empolven. Siempre que haya algún evento o espectáculo verás el puesto de frituras, papas fritas y churros.
Por las noches abundaran los puestos vendiendo elotes asados y esquites, los tamales rojo y verde, las quesadillas, pambazos y tlacoyos. Si no quieres aventurarte puedes parar en cualquiera de los mil y un puestos de tacos al pastor o los especialistas en alambres.

     En fin, todo indica que es un cuento de nunca acabar. Maravillas gastronómicas las hay por todas partes, sólo es cuestión de tener hambre y contar con las agallas de aventurero para abrir la boca y decir: ¡Una orden con todo, por favor!

1 comentario:

  1. Me encanta México por tener este estilo, anduve por la ciudad y en todos lados encuentras lugares para comer y seguir con tus aventuras o excursiones.

    Espero regresar pronto a este país y seguir descubriendo sus mejores encantos.

    Recomiendo las gastronomía mexicana, es exquisita!Saludos!
    Matías - Hoteles Huatulco

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